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El uso terapéutico de los Cristales en el S. XII -Santa Hildegarda de Bingen



El uso de los cristales se remonta a tiempos muy muy antiguos y son muchas las culturas que los utilizan y los han utilizado, a lo largo y ancho de la historia del mundo su uso es y ha sido muy extendido. Pero pocas veces, un testimonio escrito ha llegado a nuestros días. Otro día hablaré de la existencia de lapidarios muy antiguos pero hoy, me gustaría presentar a una maravillosa y fascinante mujer que ha dejado uno de los mejores testimonios sobre sanación con cristales. En los últimos años se ha puesto muy de moda, así que tal vez ya la conozcáis. Su nombre es Hildegard Von Bingen.

Santa Hildegarda de Bingen (Hildegard von Bingen), S.XII, fue abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médico, compositora y escritora alemana. Fue nombrada Doctora de la Iglesia Católica el 7 de Octubre de 2012 (sólo 4 mujeres en la historia poseen este reconocimiento).

Esta fascinante mujer está considerada en la actualidad por los especialistas como una de las personas más polifacéticas, interesantes y asombrosas del Occidente de Europa. Se la ha definido como una de las personas más reputada y prestigiosa de la Baja Edad Media y destaca entre las figuras más ilustres del Monacato Femenino.

Esta mujer excepcional nos ha dejado un legado de sabiduría digno de conocer. Para los terapeutas modernos, su obra "Physica" es un valioso tesoro: en el Libro I habla de las propiedades y aplicaciones de las Plantas y en el Libro IV de las Piedras más conocidas de su época.

Y así, por ejemplo, dice del Diamante:


El diamante es cálido. Nace de algunas montañas de la región del sur, que son, por así decirlo, resinosas y como cristalinas, y por eso mismo surge cierta materia cristalina sólida y pura, como un corazón de gran fortaleza. Y, porque es fuerte y dura, antes de crecer se separa de la montaña en la que se hallaba y así cae al agua en la forma y tamaño de un crisólito; pero luego en dicho lugar su viscosidad se torna más débil de lo que era antes. Y luego, cuando los ríos se desbordan, la inundación lleva la piedra hacia otras regiones. Hay algunos hombres que son maliciosos por su naturaleza y por la influencia del demonio, y por este motivo prefieren callar; pero cuando hablan tienen una mirada punzante, y a veces están como fuera de sí, como arrastrados por la locura; pero prontamente vuelven en sí. Éstos a menudo, o siempre, pongan un diamante en su boca; su poder es tal y tanta es su fuerza, que extinguirá la malignidad y el mal que hay en ellos. Pero también quien padece delirios, o es mentiroso, o bien iracundo, tenga siempre la piedra en su boca, porque, gracias a su poder, tales males se alejarán de él. Y quien no puede ayunar, ponga la piedra en su boca y su hambre disminuirá, de manera tal que podrá ayunar por un mayor período de tiempo. Y quien está afectado por la parálisis o tiene apoplejía, esto es, la enfermedad que toma la mitad del cuerpo impidiéndole el movimiento, ponga el diamante en agua o en vino durante todo un día y después beba dicho líquido; la parálisis cesará, aunque sea tan fuerte que los miembros amenacen con romperse, y también la apoplejía disminuirá. Alguien con ictericia ponga la piedra en vino o en agua y luego beba: quedará curado. El diamante es tan duro que nada hay más duro que él, y por eso raya y perfora el hierro; de donde ni el hierro ni el acero pueden penetrar su dureza, y así el acero confirma que el diamante no cede ni se rompe hasta que lo corta. Y el demonio es enemigo de esta piedrecilla porque ofrece resistencia a su poder y su fuerza, y por eso la desprecia tanto de día como de noche.”

El diamante es por excelencia el símbolo de la limpidez, de la perfección, de la dureza, de la luminosidad.”

La mayoría de sus descripciones del origen de las piedras son visiones y percepciones que llegan a Santa Hildegarda del propio mineral. De la génesis de los diamantes, hoy sabemos que se necesita una altísima temperatura y presión para que el carbón cristalice de esta forma.


Surgen de grandes profundidades de la tierra, a través de explosiones volcánicas y dentro de material rocoso. Según diversas teorías, su formación está ligada a la cristalización del magma residual, rico en compuestos químicos volátiles.

Por lo tanto, lo que dice Santa Hildegarda tiene mucho sentido: el diamante es cálido y - ¡sí! - es de origen volcánico y necesita mucho calor para formarse; su comentario sobre resinas y viscosidad puede referirse perfectamente a las cualidades del magma cuando empieza a enfriarse. Además, habla de los ríos y agua que llevan los diamantes y, efectivamente, hay grandes depósitos diamantíferos aluvionales.

Puedes obtener más información sobre esta gran y sabia mujer y lo que ha escrito aquí, aquí y aquí.

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